sábado, 28 de enero de 2012

Oh, creo en el ayer.

Ha sido un día frío; en los que las nubes se apoderan completamente del cielo privándonos de tiernos rayos de sol. Enterrada bajo una bufanda y varios jerseys, contemplo una verdadera tarde de invierno mientras con mis manos caliento inútilmente los bolsillos de mi gabardina. Echo de menos el calor cuando hace apenas unos meses deseaba días como este, en los que poder calentarnos con un abrazo y acurrucarnos sobre cualquier pequeño hogar improvisado. Me dejo abandonar por el suave viento invernal y permito a mi fuero interno volar entre recuerdos, y lo hago sin poder reprimir una gran sonrisa. Es satisfactorio, y sin duda la mejor medicina para entrar en calor. 

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