sábado, 11 de febrero de 2012

Si te obsesionas con una idea, acabarás atrapado en ella.

Eternos momentos de reflexión... En los que llega la noche, me meto risueña en la cama y me pierdo entre las sábanas, que me esperan frías pero agradables. Donde lo difícil parece sencillo y lo más ridículo puede llegar a alcanzar una importancia notable. Donde lo que es y lo que creemos que es sobrepasan ligeramente los límites y se confunden. Allí, calentitos y sumergidos en una oscuridad total, es donde tomamos decisiones, donde reflexionamos e imaginamos situaciones. Qué valientes podemos llegar a ser, cuan poca cantidad de dificultades nos podemos llegar a encontrar. La almohada escucha expectante mi inocencia plasmada en pensamientos. Nos dormimos con la conciencia tranquila y sin percatarnos si quiera. A la mañana siguiente nos volvemos bruscamente pequeños ante un mundo brutalmente inmenso, y todas nuestras expectativas se vuelven tan difusas que cuesta creer que hayan estado ahí.

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