viernes, 27 de enero de 2012

El amor inmaduro dice te quiero porque te necesito, el maduro dice te necesito porque te quiero.

Sabes que realmente le has llegado profundo a alguien cuando intenta lo imposible, se une a tus estupideces y camina ciego junto a ti sin guardar fuerzas para la vuelta. Cuando recorre lo que haga falta para conseguirte una caña de chocolate, o incluso promete sorprenderte con una alguna mañana. Cuando ha caminado a tu lado mil pasos y camina otros mil más como si fuera un simple paseo sólo para que no tengas que ir sola a casa. Cuando madruga con la única intención de disfrutar de tu compañía cinco minutos más. Sabes que verdaderamente en su corazón hay un rincón para ti en el momento en el que te repite que eres a la persona que más quiere en este mundo y que en Navidad ha pedido el deseo de estar siempre contigo. Cuando te regala una rosa en mitad de cualquier situación y sin pensárselo dos veces. Cuando abandona una sala mientras se encarga de que vuestra canción comience a sonar dulce tras su marcha. Cuando te dice que quiere que seas la primera persona a la que vea después de las doce de la noche del 31 de Diciembre. Cuando sale resfriado de casa un día de lluvia para disfrutar de tu presencia aunque sea media hora. No te cuesta asumir que es un fiel soldado que no cederá en la guerra del "yo más". Sabes que te has ganado el hueco más recóndito de su alma cuando recorre medio El Ejido de madrugada para verte, cuando no soporta verte llorar, y cuando se encarga de acordarse de ti lo suficiente como para que sepas que aún en la distancia está ahí para consolarte, haciéndote sonreír únicamente porque es lo menos que se merece. Cuando una noche cualquiera que parece sonreiros desde lo alto, te susurra palabras improvisadas que parecen haber brotado del mismísimo paraíso, y acaba diciéndote que te ama. Cuando ríes en unas carcajadas que acaban perdiéndose en el firmamento, pero que permanecen en vuestros corazones. Cuando no podrías regalarle las estrellas porque incluso juntas brillarían menos que él, ni el cielo porque él es tu cielo, ni tu corazón porque hace tiempo que ya se adueñó de él. Cuando vuestra grandeza no se mide por lo que tenéis sino por lo que podéis dar. Cuando te das cuenta de todas esas cosas, de las grandes y de las pequeñas, de las más tontas y de las que no lo son tanto, de los pequeños detalles imposibles de pasar por alto y de los que te inundan por completo, de las muchas peculiaridades que te quedan por exprimir con él al máximo. Cuando no te planteas que si él se va se lo lleva todo consigo, porque ya hay un antes y un después, y no hay un futuro si no es con su sonrisa; y aunque lo desgarre todo con su ausencia siempre te quedará el deleitoso sabor de boca de saber que has querido de verdad, y que te han querido llegando a amar todo lo que odiabas de ti misma.

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