Lo
insignificante es importante, y lo pequeño se hace grande. […]
Le pedí que
cambiara pequeños detalles, ciertas cosas innecesarias. Después de largas
miradas al vacío, el abatimiento pudo con él, y puede que conmigo también. Se
echó sobre mí y me abrazó. Pero antes de eso yo ya lo había mirado a los ojos, y
entonces, mientras lo tenía entre mis brazos, comprendí. Cómo puedo pedirle tal
cosa, él es así. Y sonreí.

No hay comentarios:
Publicar un comentario