sábado, 17 de marzo de 2012

La última página es siempre un suspiro.

Qué fácil puede resultar evaporar el mundo y con ello callar la existencia. Tener el poder sobre lo que es tuyo y silenciar el subconsciente, el silbar de tu respiración e incluso el murmullo de los pájaros. Cerrar la puerta a la realidad para despertar en un mundo que creamos a cada palabra y que vivimos a cada lágrima. Sumergirse más en lo ficticio a cada página, a cada pequeña caricia a una inocente hoja rasposa, a cada inspiración a papel viejo. Tener un escape a otra vida cuando la nuestra resulta demasiado pesada. Viajar, soñar, sentir, reír, llorar, desconectar, imaginar. Imaginar... Aún siento la angustia de estar atrapada en Privet Drive, aún estoy con Jace en el invernadero y revivo el Pandemonio a cada segundo. Aún vuelo sobre las alas de Daniel. Viajo a Limbhad y Lunnaris sigue perdida en su bosque. Aún me reencuentro con Shail a cada necesidad. Me enamoro de Jack y Christian una y otra vez. Aún estoy ahí cuando Tally no acepta las imperfecciones de David, aún vivo en Forks y anclada a su magia. Aún escapo de Medianoche para fugarme con mi amor verdadero para finalmente morir. Una y otra vez. Hago vida en calles, antros, y hoteles abandonados de Brookling, aferrada a las historias que lo envuelven. Aún cometo lo errores de Babi y comparto su locura, aún hoy deseo arropar a Simon. Seguiré asegurando que Kai estuvo siempre conmigo, y tomaré como referencia que a veces la vida tiene el peso de un cuenco de arroz. Hago, soy y revivo mil millones de vidas. Y cada una es ya parte de la mía, para cuando las necesite poder acurrucarme en ellas, zambulliéndome en su seno, y calarme con cada brizna de mundo nuevo.

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